miércoles, 10 de agosto de 2022
YO Y DOFF
3 – El atraco
F.J. Fayerman
seis de noviembre de 2018
Hoy no me encuentro bien. Llamo al doctor Polo y Lucy, su enfermera, me dice que está pasando unas vacaciones en el caribe. Su suplente no llegará hasta mañana. De todas formas, Lucy me llama al rato, me pasa una receta del antidiarreico” Loperamida” por correo electrónico y me desea una rápida mejoría. Busco en Google una farmacia de guardia cerca de casa y le pido a Doff que vaya a comprar la medicina. Le sujeto la receta, el dinero y el móvil al arnés y sale a la carrera a la dirección que la mujer del “maps” le va dictando.
Hace ya dos horas que se fue y sigo esperando. Seguramente se habrá encontrado con Gardenia y su perrita Kira y estarán oliéndose como de costumbre. Me llevo el televisor portátil al WC.
Hago “zapping” y en el canal local están dando la noticia del atraco que se está perpetrando en una farmacia del barrio, que resulta ser a la que he enviado a Doff. La presentadora informa que los atracadores han tomado a cuatro personas y un perro como rehenes. Y efectivamente a través del cristal de la puerta se los ve atados unos con otros. El “Doffete” está con ellos.
Han pedido cinco millones de euros y un paquete pienso de Hill. Por un micrófono que ha quedado abierto se escucha la voz del que parece ser el jefe de la banda de ladrones: —Como vuelvas a mover el rabo —dice el atracador de la máscara del pato Donald— te fulmino, chucho. Me pongo la gabardina encima del pijama, cojo del armario la escopeta de caza y bajo a por el coche al garaje. Enfilo a toda velocidad la avenida que me lleva directo al lugar de los hechos.
La manzana de la farmacia está acordonada por la policía. Al otro lado de la cinta de seguridad está Rosita. Me identifico. Le comento que el perro rehén es Doff. Me acompaña hasta el puesto de mando. Nadie ha visto mi escopeta debajo de la gabardina. En un descuido echo a correr y entro en la farmacia disparando los dos cartuchos para intimidar a los ladrones. Rosita sale detrás de mí para protegerme. Ahora somos seis rehenes en lugar de cuatro y la cosa se complica. Doff mueve el rabo al verme, a riesgo de que lo liquiden.
Pese a la situación, Rosita y yo entablamos una conversación ajena a lo que acontece y comprobamos que tenemos gustos muy parecidos. El cine erótico, aunque se ruboriza cuando lo dice, andar deprisa, aunque ella sin perro, y los restaurantes asiáticos.
Así pasamos el tiempo hasta que los Geos entran en la farmacia y nos liberan.
A la mañana siguiente, aprovechando el paseo por el parque con Doff, nos acercamos a la comisaría para entregar el permiso de armas. Pasamos allí dos horas retenidos, ya que dicha autorización está caducada desde hace cinco años.
Rosita se entretiene con Doff tirándole un hueso de mentira por el patio interior. Se le cae la gorra en un viraje. Me parece preciosa con el pelo suelto. Y esta vez no tengo prisa por volver a casa. Los aseos de la comisaría están francamente limpios.
YO Y DOFF
4 – La Puri
F.J. Fayerman
Cuatro de diciembre de 2018
El tocadiscos del vecino repetía insistentemente la misma canción. Había perdido la cuenta, aunque no me equivocaría mucho si digo que al menos iban treinta veces que Manolo Escobar preguntaba por su maldito carro. Doff se había refugiado debajo de mi cama y mantenía su pata derecha sobre la oreja del mismo lado. Por mi parte trataba de ahogar la rumba flamenca aumentando el volumen de la televisión.
Por fin, a eso de las tres de la noche terminó el suplicio y como estaba desvelado me dispuse a pasear a Doff.
La calle estaba vacía y le solté. No coches, no peligro. Al doblar una esquina me encontré con La Puri, famosa noctámbula de precio asequible y por lo que cuentan limpia y culta. Doff se puso a ladrarme, como diciéndome que había peligro si nos acercábamos a la susodicha meretriz. Mi intención no era buscar compañía sexual, me había olvidado el mechero en casa y viendo que la Puri estaba fumando fui a pedirle fuego. Visto y no visto, de un portal cercano salieron dos tipos que me sujetaron por los brazos y me inmovilizaron. Mi cartera pasó en segundos de mi bolsillo a sus manos y mi reloj siguió el mismo camino.
Me armé de valor, no podía permitir este abuso sin revelarme y golpeé a uno de los individuos con un Mawashi-Zuki seguido de un Shuto-Uti y terminando la faena Doff con el clásico Yama-Zuki que había aprendido con bastante esfuerzo y que practicaba a menudo con el perro del tercero. El rufián quedó tendido en el suelo sin conocimiento. El otro individuo salió huyendo, asustado por nuestros conocimientos en el arte del Karate.
La Puri se acercó llorando —Es un chulo que me obliga a darle el dinero que recaudo, me dijo. Muchas gracias. te regalo un servicio y otro a tu perro. Yo no acepté porque pensé en Rosita y su sonrisa y Doff pasó un buen rato con la perrita La Pili, corriendo alrededor de una farola. Le habían dicho que eso era hacer el amor y él se lo creyó. Le di veinte euros a la pobre mujer y le acompañamos a su casa. Era tiempo de descansar un rato, con la satisfacción del deber cumplido. Pasamos antes por la comisaría para saludar a Rosita que estaba de guardia. Por esta vez no íbamos esposados. Sobre las cinco llegamos a casa. Las luces del alba estaban mostrándose. Nos lavamos los dientes y nos tumbamos en la cama.
Doff se acurrucó junto a mí y antes de dormirnos nos dimos las buenas noches. Nos quedaban un par de horas antes de que Manolo volviera a la carga.
YO Y DOFF
2 - Los ojos de Rosita
F.J. Fayerman
Treinta de septiembre de 2018
El Ayuntamiento colocó carteles por todo el parque: Prohibido hacer footing fuera de las zonas marcadas y llevar perros sueltos. Doff y yo solíamos correr a primera hora de la mañana, cuando apenas el sol aparecía entre los pinos centenarios, presentes en el escudo heráldico y orgullo de la ciudad. Allí, según cuentan las crónicas, acampó el ejercito hace muchos años, antes de librar una de las batallas más importantes de la guerra de la Independencia.
A Doff le encanta correr, y no entiende muy bien por qué hay que mantener el ritmo, la línea recta y otras cosas. Él galopa en todas direcciones y vuelve. Una vez lo hizo con un conejo en la boca y otra con un gato muerto. Siempre terminamos tumbados extenuados y mirando las copas de los árboles.
Un día, de eso hace casi un año, Doff volvió de una de sus excursiones con algo entre sus dientes. Cuando lo dejó caer al suelo me encontré con un objeto metálico, negro, de aspecto extraño y desconocido. Intenté desmontarlo, pero la herrumbre que lo cubría no me dejó hacerlo. Doff me lo pidió y lo enterró en un agujero que hizo en el suelo, bajo uno de los pinos como si fuera un hueso.
Continuamos la marcha hacia el estanque de los enamorados donde acababan de construir una playa artificial, con su correspondiente cartel de prohibido bañarse a los perros.
El sol ya calentaba cuando nos colocamos las gafas de bucear y nos lanzamos al agua. Un par de bañistas nos siguieron.
Asomamos la cabeza unos metros más lejos a la vez que sonaba una explosión. Unas llamas gigantescas surgieron del pinar y comenzaron a devorarlo.
Un cuarto de hora después llegó un coche de bomberos y detrás la policía. Los primeros apagaron el fuego y los segundos nos multaron por hacer footing, por llevar el perro suelto y porque el pobre Doff se había dado un chapuzón en el estanque. A continuación, nos llevaron a la comisaría del distrito para que prestáramos declaración sobre lo sucedido.
Rosita nos recibió con un gesto de incredulidad. –¿otra vez aquí? Rosita debe tener cincuenta y tantos años y unos ojos azules que no le caben en la cara. Hacen juego con su uniforme de poli.
Doff me esperó pacientemente en la puerta hasta que se aclaró todo. Luego nos fuimos a tomar un vermú al centro.
YO Y DOFF
1 – La motora
F.J. Fayerman
Diez de octubre de 2018
Cada día, más o menos a la misma hora, correteo junto a mi perro Doff. Yo estoy jubilado desde hace poco y utilizamos la marcha para hablar de lo divino y de lo humano, vivido y por vivir.
Uno de los lugares preferidos para desintoxicarnos es el parque de los Artistas. La razón es que nos disgusta el bullicio y la polución que se ha ido adueñando de la ciudad. En cada banco se sitúa alguien lápiz en mano y cuaderno sobre las rodillas y da rienda suelta a su arte particular, ya sea dibujar o escribir. En una silla al fondo del parterre, una mujer de pelo rojo y falda larga estampada declama versos inventados. Otra canta zarzuela y ahuyenta a los gorriones y otra improvisa un baile, zapateando sobre un palé abandonado.
Una tarde, hace una semana para no alejarme mucho de los hechos, pues mi memoria va dando síntomas de cansancio, trotamos por la alameda hasta el estanque que llaman de los enamorados. Por sus aguas se deslizan barcas con parejas acarameladas, bajo ellas cientos de carpas y peces gato suplican unos trozos de pan y para diversión de los más pequeños, una motora da vueltas al lago haciendo sonar su sirena, para avisar a las lanchas despistadas que se le aproximan.
Pregunté a Doff si quería que alquiláramos una y como me pareció ver que asentía, nos dirigimos a la caseta del dueño de las embarcaciones y por diez euros nos dispusimos a disfrutar de una hora de navegación. Encendimos unos cigarrillos y me tumbé al tibio sol del atardecer. Los remos se quedaron a cargo de Doff.
Un golpe me despertó del letargo. La proa de nuestra barca se había incrustado en la borda de la ligera motora, abriendo una vía de agua que rápidamente la hizo inclinarse a estribor. Un niño cayó al agua y Doff saltó a por él. Mordiendo la camiseta logró ponerlo a salvo.
Ya de noche, en la comisaría del distrito, una seria policía rellena una ficha con mis datos y solicita una fianza por si no queríamos dormir en el calabozo. Doff, después de sacudirse el agua que aún le quedaba del baño intempestivo, tuvo que acercarse a casa a por el dinero para pagarla. Por el camino de vuelta se le perdieron las llaves, así que tuvo que trepar por los tejados y abrir desde dentro.
Llamamos a Telepizza y pedimos una extragrande de salmón ahumado y queso crema, bien regadita con dos Mahou sin alcohol. Aún nos quedaron fuerzas para echar unas risas.
lunes, 26 de octubre de 2015
LA NIÑA DE FUEGO
F.J.Fayerman
veintiuno de marzo de este año
Apenas terminó de comer, la niña de fuego se enjuagó la boca con vino tinto. En el colegio le habían enseñado que a partir de los cuarenta años era muy sano tomarse un vaso de vino y una aspirina diaria. Colocó el cedé en el magnetófono y comenzó a cantar: ¡Ay niña de fuego, ay niña de fuego! Era la primera vez que cantaba aquella canción y ya le parecía que formaba parte del repertorio clásico que llevó durante muchos años por las fiestas de los pueblos de Nicaragua.
Cuando llegó a la edad de cuarenta y un años, la niña se compró una Gillette. Con la cuchilla rasuró los pelos de su poblada barba con la suavidad de un monitor de presión sanguínea, con el sonido entrecortado de la máquina de coser de su abuela Pilar y dejando un machacón olor de morcilla recién embutida. Recordó que la fábrica Gillette era vecina del extremeño matadero regional de Mérida. Hasta el cerdo se había muerto cuando, momentos antes de la matanza, le tomaron la presión cerdo-sanguínea en el camerino rosa del Anfiteatro romano, cercano a la fábrica de Gillette a su vez vecina del extremeño matadero regional de Mérida. La niña vieja de fuego anotó en su diario lo acontecido durante el día y arrojó las páginas sobrantes al inodoro del señor Roca Junyent, turista accidental de la ciudad de Managua, a la sazón, en aquellas fechas, capital de Extremadura y de Nicaragua.
Días después, el t E c l a d o delorde dor e m p e p e z ó a f a l l ar ylaniña de f ego se tom ó l a as pi rin a y se rela jó. Su gato Montés ladró tres veces seguidas a lavez que el perro del horte lano se hhhhace vege t ariaNO deja de MORDER a la gente, dejA de dejarle el papel celloa A los que quieren papel cello y a los que quieren tirarse un pedo no les de ja tirarse lo. ¿mE entiendes pedazo de tonto?
La niña de fuego murió con las botas puestas del revés y, mientras su ataúd bajaba a la tumba se oyó:
La luna te besa
tus lágrimas puras
como una promesa
de buena ventura.
¡Ay niña de fuego, ay ay ay ay niña de fuego!
sábado, 25 de abril de 2015
CARTA PARA YOYITO
27 de marzo de 2015
Querido YOYO
Cuando decidiste marcharte faltaban muy pocos meses para que cumplieras los diecinueve años Sé que me dirán que son muchos para un gatito persa pero me hubiera gustado que hubieran sido el doble: de esa manera habría disfrutado más tiempo de ti y no te habría visto pasar tus últimos días, dormido sobre el sillón del cuarto de estar con la cabeza gacha y la mirada ausente.
Te vi nacer, apenas diez centímetros de gatito blanco abriendo la boca en busca de un poco de leche de su madre. Te llevé en la palma de mi mano porque me daba miedo agarrarte y hacerte daño. Te vi bajar las escaleras como si te lanzaras al vacío en cada escalón y te cuidé todo lo que pude durante estos años de irrepetible felicidad. Te fuiste apagando como una vea a la que se le acaba la mecha y así, poco a poco, tu luz maravillosa dejó de iluminar mis días. Te hiciste viejecito, como ye me voy haciendo también y me dejaste el sabor salado de las lágrimas en los labios, para lo que me reste de vida.
Ahora te imagino en el cielo de los animales, rodeado de tus padres Luna y Ron y de tu hermanito que solo llegó a vivir unos días, de Kira la perrita cooker que jugaba contigo a su manera y de Senda, la pastor alemán a la que seguramente habrán hablado de ti.
Sois ya muchos los que nos habéis dejado en este mundo terrenal para vivir en las nubes que nos tienen reservadas en el cielo y donde nos reuniremos algún día. Hasta entonces quiero que sepas que tus padres humanos te echamos de menos y que hemos llorado cuando te fuiste y que lloramos cada vez que pensamos en ti. Tan poco tiempo ha pasado desde entonces y cuanto te añoramos.
PD. Mimí también te recuerda, estoy seguro.
domingo, 13 de julio de 2014
MOMENTOS
53– NEGRO SOBRE BLANCO
F.J.Fayerman
Dieciséis de marzo de 2014
Mañana soleada de vermú y ropa de domingo. Tarde de cine. El olor característico, el ruido del telón al abrirse, los acomodadores esperando la propina y el destello de su linterna paseando por la platea.
Después, la imagen del águila y las notas que anticipan el noticiero al alcance de todos los españoles, invaden la pantalla. Negro sobre blanco.
Cuando se apagan las luces, comienza el cri-cri de las pipas y el rumor de los besos.
Tardes de domingo, de cine.
MOMENTOS
54 - ¿POR QUÉ SE OLVIDAN LOS SUEÑOS?
Puede que soñara contigo. Con tu pelo corto, tu pelo castaño; quizá tuvieras los ojos de ceniza. Quizá negros.
Centelleabas bajo el globo plateado, y cuando nuestras miradas se rozaron, mágicamente nos quedamos solos en la pista, quizá solos en el universo. Puede que saliéramos a la calle y camináramos durante horas, nos amaramos durante días, o quizá nunca.
Hoy, el correr del tiempo me está haciendo olvidar tu rostro, quizá tenga que soñar otro sueño.
MOMENTOS
55 – UNA PINCELADA DE LUZ
F.J.Fayerman
diecisiete de marzo de 2014
Pensó en realizar su último trabajo, su obra maestra. Después se retiraría para contemplarlo y disfrutar eternamente de él.
No quería museos ni exposiciones, sabía que el cuadro no entraría en ninguno de ellos, que su tamaño sería infinito.
Decidió colocarlo bajo sus pies, repleto de estrellas que lo acompañasen.
Y pintó durante seis días, inventando colores, inyectando aromas; creando perspectivas.
Lo remató con una pincelada de luz, con una caricia de madre.
Al poco tiempo lo olvidó.
martes, 18 de junio de 2013
MOMENTOS
39- TU NOMBRE
F.J.Fayerman
Veintitrés de diciembre de 2012
Pensé que sería un amor pasajero, pero cometí el error de preguntarle su nombre.
MOMENTOS
40 – LA CASA SILENCIOSA
F.J.Fayerman
Veintidós de abril de 2012
La sirena de la policía y los gritos en la calle le sorprendieron vagando por la casa silenciosa, mirando la cama revuelta y la ventana de par en par. Ella le había dicho que se iba y le abandonaba para siempre y él que la ayudaría a ganar el infinito.
MOMENTOS
RONDA, RONDA, EL QUE NO SE HAYA ESCONDIDO, QUE SE ESCONDA.
F.J.Fayerman
Veinticinco de marzo de 2013
No lo puedo evitar; el miedo me invade mientras hago la ronda nocturna. Recorro el almacén en silencio entre muebles antiguos y maniquíes rotos. Según me aproximo a ellos me parece oír voces suplicantes que poco a poco se van apagando. Cuando paso a su lado y la luz de mi linterna deja de iluminarlos, sé que me están mirando.
MOMENTOS
41 – MENOS DE MEDIA GOTA EN UN OCÉANO
F.J.Fayerman
Dieciséis de marzo de 2013
Hemos nacido en medio de la eternidad y dormiremos durante el resto infinito de los tiempos. Somos menos de media gota en un océano inconmensurable, y te he encontrado.
Por favor, no permitas que me ahogue sin haberte amado.
domingo, 13 de enero de 2013
momentos
MOMENTOS
34 – LA MUJER DEL PELO CASI AMARILLO
F.J.Fayerman
Diez de octubre de 2012
Paseábamos:
Era alta y tenía el pelo rubio, casi amarillo. La mujer más hermosa que había conocido jamás. Yo iba hablando, no sé si por el móvil o simplemente me dirigía a alguien que no se encontraba en nuestro mismo plano. Le decía bromeando: –Si, es rubia, muy rubia pero fea–. Volví la cara y la miré: era preciosa. Se puso seria de repente y cuando repetí –– ¡si, es fea!– me besó en la mejilla.
Nos habíamos conocido esa misma tarde y era el primer signo de afecto entre los dos. No recuerdo bien si conversamos mucho o no, solo que nos gustaba estar juntos y que su pelo brillaba al viento y que su cara era como de caramelo, sus facciones delicadas y su mirada relajante y joven. Esa fue la única vez que soñé con ella.
MOMENTOS
38 – AMORES
F.J.Fayerman
quince de octubre de 2012
– ¿Por qué me pongo triste cuando el cielo amenaza lluvia? –No estoy acostumbrado a llorar, quizá ahora podría hacerlo con su compañía. Lloraríamos los dos.
Oye música en el móvil y le recuerda tiempos que no volverán, tiempos en los que fue muy feliz. Le recuerdan amores imposibles, amores juveniles, amores de cine; amores dolorosos.
Ya está lloviendo y no consigue hacer brotar una sola lágrima de sus ojos y no es ni más feliz ni menos feliz. Sigue el camino que él mismo se trazó hace muchísimos años, desde su juventud, cuando empezó a tomar el rumbo de su vida.
Llueve mientras camina; gotas grandes y dispersas que impregnan el aire con el olor característico a tierra húmeda. La tarde se presenta oscura, como su ánimo.
–Pero llueve cada vez más fuerte y es mejor que vuelva a casa, no vaya a ser que contagie mi tristeza.
domingo, 25 de noviembre de 2012
SESENTA Y…
F.J.Fayerman
2 de noviembre de 2012
El caso es que el 2012 me gustaba como año, casi tanto como el 2000, que me sonaba a ciencia ficción allá por mis años juveniles de los cincuenta. Pero se torció, aunque gracias a Dios no del todo, pues seguimos teniendo buñuelos para celebrar un año más y proseguimos en la pelea con el folio en blanco y con la amistad que está por encima de todo.
Mi cabeza sigue intacta buscando momentos y vivencias, reales o de ficción que continúen enriqueciéndome. ¡Ah! y también sueños maravillosos, de los que extraigo relatos ilusionantes y seductivos.
He comprado el abono transporte 3ª edad de este mes y lleva una foto de cuando tenía algunos años menos; y no es por coquetería, es porque soy un romántico del tiempo y de los que piensan que cualquier época pasada fue mejor, aunque sé que muchos no estáis de acuerdo con esto. En mi casa me dicen que me quedé anclado en la década de los sesenta. Y puede que sea cierto. Sin ir más lejos, ayer lunes escribí otro pequeño relato dedicado a la voz más linda que he conocido: la de Estela Raval, cantante de Los Cinco Latinos, que falleció en junio en su natal Buenos Aires. Pero la vida sigue y seguirá…hasta la eternidad como ella decía en una de sus maravillosas canciones.
Mi familia me quiere, mis gatos me quieren, mis amigos de Taf y de Renglones me soportan y puede que hasta me quieran también (creo que hasta Iñaki); Quizá tanto como yo los quiero a ellos. Entonces: ¿Qué otra cosa puedo desear para este año, sino que me sigáis queriendo?
2013 será un buen año, indudablemente; nuevos libros, más tertulias con cañita final y muchos, muchos relatos maravillosos, eso seguro. Tan seguro como que volveremos a comer buñuelos o tomar unas cervezas con aceitunas negra y patatas fritas, allá cuando aparezca de nuevo Don Juan Tenorio en los teatros de Madrid.
Si Dios quiere.
domingo, 20 de mayo de 2012
UN PEZ DE SANGRE CALIENTE
F.J. Fayerman
Veintidós de marzo de 2012
Durante los últimos diez años no había faltado a su cita diaria con el rio. Remaba hasta las piedras que asomaban altivas en el centro de la corriente y permanecía allí, en silencio, observando el ir y venir incesante de los peces. Después buscaba a su amada, buceando en sus frías aguas.
Hacía mucho tiempo que las lágrimas se le habían agotado, pero el sufrimiento no había desaparecido de su corazón. Celia le abandonó para dormir eternamente en el rio aquella tarde de verano, con el sol tiñendo de rojo y amarillo el horizonte, mientras se bañaban. Fue un segundo, quizá menos, el tiempo que tardó en desaparecer bajo las aguas. Inútil su esfuerzo por encontrarla e infructuosa la búsqueda posterior de su cuerpo. El rio no quiso devolverla. Tan bella era.
Anastasio se quedó a vivir definitivamente en el pueblo y se refugió en la soledad y en sus recuerdos.
Algunos pescadores dijeron que la habían visto nadar entre las rocas, que reía esquivando los anzuelos que brillaban cerca de su rostro. Que se había convertido en sirena. Y ahora, tantos años después, cuando Anastasio ya no soportaba el dolor de su ausencia, ella había regresado a sus sueños para pedirle una cita.
Y Anastasio acudió a la llamada. Salió muy temprano, sin equipaje. Se dirigió al rio y remó hasta su centro. El sol se resistía a salir entre los matorrales pero Anastasio no esperó más. La llamó con todas sus fuerzas hasta que encontró respuesta. Un enorme pez asomó cerca de su barca y le habló de Celia. En algún lugar le estaba esperando. Y Anastasio montó a lomos del pez y se dejó llevar hasta el fondo pantanoso.
Desde entonces nadie pesca en el rio y los enamorados que pasean por las orillas aseguran que dos peces de gran tamaño nadan y juegan todos los atardeceres cerca de las piedras.
martes, 17 de abril de 2012
EL ÚLTIMO DETALLE
F.J.Fayerman
Veintitrés de agosto de 2011
Cuatro hombres hablan en la terraza de un café. El camarero camina sin cesar de un extremo al otro de la acera, llevando una bandeja llena de vasos y botellas de refrescos, que va depositando en los veladores. En el de los cuatro hombres deja otras tantas cervezas.
Termino mi copa y me entretengo mirando cómo se derrite el hielo en el fondo del vaso. Uno de los hombres me observa y sonríe. Le hago un gesto con la cabeza y él se levanta y se acerca. Le invito a sentarse a mi lado. Vuelve sobre sus pasos y recoge su cerveza. Dice algo a los otros y regresa.
--Me llamo Ricky.
Mientras se sienta le calculo unos cuarenta y cinco o cincuenta años, es el hombre que necesito, la edad perfecta. Cruzo las piernas bajo la mesa de cristal y enciendo un cigarrillo.
Terminamos la tarde haciendo el amor en el asiento trasero de mi Audi alquilado.
Le espero cada día en el mismo café y cuando se despide de sus amigos subimos al coche y aparcamos cerca de la playa y lejos de las luces. Hablamos durante horas y él me cuenta su vida de actor fracasado y yo le oculto la mía de escritora sin escrúpulos. Todas las noches, acabamos en la misma postura.
Poco a poco noto que voy entrando en su vida y que hacer el amor no es lo único que quiere de mí. Paseamos por la orilla del mar cogidos de la mano y me besa apasionadamente. Hace quince días le dije que dejara de reunirse con sus amigos en el café y le ha parecido bien. Solo quiere estar conmigo.
No me gusta su actual trabajo de representante y le obligado a que se despida, con la promesa de ayudarle hasta que encuentre un trabajo de actor.
Esta última semana ha insistido en saber más cosas de mí: donde vivo, cual es mi apellido; si trabajo o no y otras muchas intimidades que yo le escondo. Le he visto seguirme cuando marcho de su lado y he tenido que despistarlo en el tráfico de la ciudad. Nunca ha tenido un mal gesto ni una mala palabra; al contrario, me trata con dulzura y me hace constantemente regalos que yo nunca acepto.
Ayer me compró un anillo y me pidió que nos casáramos. He quedado en darle una contestación esta noche en nuestro lugar de encuentro.
Mi avión sale pasado mañana. Nueve horas de vuelo que me acercarán de nuevo a John y a las gemelas y me alejaran de Ricky para siempre. Con la charla de ayer, creo tener todo el material que necesito para el personaje masculino.
De todas formas, esta noche y mañana iré hasta el estacionamiento para ver su reacción al no encontrarme. Sólo me falta ese pequeño detalle para terminar mi novela.
viernes, 3 de febrero de 2012
LOS MIL CAMINOS DE LA VIDA
F.J.Fayerman
Uno de febrero de 2012
Atravesó el espejo y se encontró a mí mismo. Volvió atrás pisoteando recuerdos, y a medida que se adentraba en los episodios de su vida pasada, se acordaba de los errores y las frustraciones que la llenaron.
Por fin retrocedió hasta el espejo del primer recuerdo, que le reflejaba como un recién nacido, durmiendo plácidamente en la casa de sus padres.
Tras el cristal tintado, partían miles de caminos divergentes que se perdían en un horizonte de reflejos vitales. Y se adentré decidido en ellos.
Cada camino le llevaba a otro y este a su vez a otro y él cambiaba su pasado y preparaba un nuevo y mejor futuro, y en cada cruce se reiniciaba y se prometía una existencia diferente. Cuando se acabaron los caminos, encontró de nuevo el espejo del que había partido.
Lo atravesó otra vez, se volvió y se miró en él. Ya no era el mismo. El largo viaje le había cambiado. Ahora sus sueños eran otros, pero estos tampoco se habían cumplido, sus errores se habían multiplicado; sus nuevos amores eran meras utopías; las ilusiones, amarras y los amigos ya no estaban.
Rompió el espejo en mil pedazos y lloró añorando su vida anterior.
viernes, 20 de enero de 2012
EL FUMADOR
F.J.Fayerman
Cuatro de diciembre de 2011
Medianoche, y aún estaba despierto. El café era el culpable de mi insomnio.
Bajé de la cama, busqué las zapatillas y el batín y salí al pasillo en busca de un vaso de agua. Encendí la tele y un cigarro y me senté en el sofá para esperar al sueño que la cafeína me negaba.
Supongo que me dormí enseguida, porque a las doce y media unas voces me despertaron. Caminé hasta la habitación de los libros y escuché desde afuera.
–…
– Mi querido Aureliano, a fe mía que por mucho que lo intentes, no conseguirás que tus años de soledad se conviertan en la novela más importante de la literatura hispánica; ¿no crees, Sancho?
–Tan es así, mi señor don Quijote, como que, según vos me habéis referido, en ningún libro de caballerías aparece un pueblo llamado Macondo y si existiere, sería un lugar de lo más prosaico, ya que no habría sido necesaria la visita de vuesa merced para enmendar agravios, corregir sinrazones o reparar las injusticias que allí se hubieren cometido.
Empujé la puerta lo justo para poder mirar sin ser visto.
Unos golpes de cincel ahogaron las palabras de Aureliano y Sancho. Philip, el obispo de Kingsbridge dirigía por tercera vez las obras de restauración de la catedral, tras un nuevo incendio que había derrumbado la parte superior del extremo oriental del templo.
Comiendo unas salchichas en el Boulevard de Sébastopol, escondida entre las páginas de Rayuela, la Maga seguía atenta las conversaciones de los estantes inferiores.
A su lado, el dinosaurio dormía plácidamente y no tenía intención de irse, al menos en los siguientes diez años.
Tolstoi, Reverte, Bukowski, Kafka, Delibes y Malraux, estaban enfrascados en una partida de Draw Poker, mientras Vargas Llosa y Bradbury terminaban en tablas su partida de ajedrez.
En el estante superior, como queriéndose apartar de la inmortalidad, los personajes de Renglones de Ficción aprovechaban la noche para montar una tertulia y reafirmar lazos de amistad.
En la pared, una fotografía en blanco y negro de Los Beatles pareció cobrar vida al tiempo que inundaba la habitación de música.
Vaya a donde vaya la oigo
En los libros que he leído, buenos y malos
Di la palabra y quedarás libre
Di la palabra y sé como yo
Di la palabra que estoy pensando
¿Has oído? La palabra es amor
Es tan bella
Es luz
Es la palabra amor.
Cerré la puerta y volví al sofá. Encendí otro cigarrillo y jugando con el humo, esperé a que amaneciera.
viernes, 23 de diciembre de 2011
jueves, 22 de diciembre de 2011
AÑO SESENTA Y SEIS a las ocho de la tarde.
¿Y por qué ha pasado otro año?
Y van sesenta y seis. Y va mi vida repartida en ellos de forma heterogénea.
No hace muchos años, me sentía inmortal.
Estos últimos cinco o seis los he pasado inundando folios con mil historias inventadas pero que realmente ocurrieron, engañando al papel con mi memoria tardía, con las ideas confusas y precipitadas, intentando llenar mi vida con algo serio y perdurable. Algo que pudiera continuarme cuando ya no esté y ¡que egoísmo el mío! que vuelva a hacerme sentir otra vez inmortal, aunque solo sea a los ojos de mis descendientes y algún que otro amigo al que embauqué.
No soy de fiestas ni de cumpleaños y cada año hay más y más. Soy de pantalón corto en verano y de anorak cuando el frio ataca. De deportista convulsivo he pasado a sedentario satisfecho.
Acumulo amigos y recorto sueños.
Repaso viejas fotografías en las que no me veo como creí que fui. El niño de pantalón blanco con las rodillas llenas de rasguños, subido en unas piedras y soplándose el rubio flequillo me mira irónico. No me pertenece.
Mis compañeros del colegio son tan viejos como yo y ya no quieren hablar de aquellos tiempos o simplemente no los recuerdan.
Cierto que este año no ha sido malo, sigo aquí que no es poco, juego a la primitiva cada semana y a la lotería en Navidad. Viajo de vez en cuando, paseo hasta la biblioteca y fomento la amistad más que nunca. Estoy contento y triste a partes iguales y en muchos momentos no sé realmente cuando lo estoy.
Mi familia me quiere y yo a ellos. Cada año un poco más.
¿Y por qué ha pasado otro año?
Y van sesenta y seis. Y va mi vida repartida en ellos de forma heterogénea.
No hace muchos años, me sentía inmortal.
Estos últimos cinco o seis los he pasado inundando folios con mil historias inventadas pero que realmente ocurrieron, engañando al papel con mi memoria tardía, con las ideas confusas y precipitadas, intentando llenar mi vida con algo serio y perdurable. Algo que pudiera continuarme cuando ya no esté y ¡que egoísmo el mío! que vuelva a hacerme sentir otra vez inmortal, aunque solo sea a los ojos de mis descendientes y algún que otro amigo al que embauqué.
No soy de fiestas ni de cumpleaños y cada año hay más y más. Soy de pantalón corto en verano y de anorak cuando el frio ataca. De deportista convulsivo he pasado a sedentario satisfecho.
Acumulo amigos y recorto sueños.
Repaso viejas fotografías en las que no me veo como creí que fui. El niño de pantalón blanco con las rodillas llenas de rasguños, subido en unas piedras y soplándose el rubio flequillo me mira irónico. No me pertenece.
Mis compañeros del colegio son tan viejos como yo y ya no quieren hablar de aquellos tiempos o simplemente no los recuerdan.
Cierto que este año no ha sido malo, sigo aquí que no es poco, juego a la primitiva cada semana y a la lotería en Navidad. Viajo de vez en cuando, paseo hasta la biblioteca y fomento la amistad más que nunca. Estoy contento y triste a partes iguales y en muchos momentos no sé realmente cuando lo estoy.
Mi familia me quiere y yo a ellos. Cada año un poco más.
viernes, 28 de octubre de 2011
MOMENTOS
30. AMELIA
F.J.Fayerman
Treinta de septiembre de 2011
MOMENTOS
30 AMELIA
La toalla está en el suelo
Y el espejo trata de ocultar su rostro entre nubes de vapor,
Migajas de agua tibia que resbalan por su cuello.
Que entre el celaje acaricia con sus dedos,
Como mariposas que juegan con el pelo rizado de su nuca,
Provocando seísmos de emociones.
Sus ojos son la jungla esmeralda y sus labios agua carmín que tiñe su sonrisa,
Que salpica, regresa del espejo y se desploma dulcemente coqueteando a lo largo de su cuerpo.
La toalla está en el suelo, bajo sus pies desnudos.
30. AMELIA
F.J.Fayerman
Treinta de septiembre de 2011
MOMENTOS
30 AMELIA
La toalla está en el suelo
Y el espejo trata de ocultar su rostro entre nubes de vapor,
Migajas de agua tibia que resbalan por su cuello.
Que entre el celaje acaricia con sus dedos,
Como mariposas que juegan con el pelo rizado de su nuca,
Provocando seísmos de emociones.
Sus ojos son la jungla esmeralda y sus labios agua carmín que tiñe su sonrisa,
Que salpica, regresa del espejo y se desploma dulcemente coqueteando a lo largo de su cuerpo.
La toalla está en el suelo, bajo sus pies desnudos.
lunes, 13 de junio de 2011

MOMENTOS
26-27-28. LA MANO JUNTO AL MURO
F.J.Fayerman
Cuatro de junio de 2011
Llegó silencioso, y con las palmas de las manos por delante atravesó el muro de la intolerancia. Los cinco dedos de sus manos -pintados de blanco- quedaron grabados en él como una contraseña.
Plegó despacio el papel que contenía sus deseos más íntimos y con las yemas de los dedos lo introdujo en la grieta. Dejó un momento la mano junto al muro y trató de percibir sus lamentos.
Cuando el muro de la muerte apareció ante él era demasiado tarde para esquivarlo. Sin embargo, pese a su apariencia pétrea estaba hecho de nubes y humo; y al pasar a su través notó cómo le acariciaba el rostro. Trató de aferrarse, pero se le esfumó entre los dedos.
Dejó sus manos junto al muro por si llegaba una segunda oportunidad.
domingo, 22 de mayo de 2011

MIRANDO A TRAVÉS DE UNA CEBOLLA DE CRISTAL
(Glass Onion)
F.J.Fayerman
Nueve de mayo de 2011
¡Oh Yeah, Oh Yeah, Oh Yeah!
Lennon
John Winston está cansado de contar historias que todo el mundo ya conoce. Sin embargo, las personas que pasan por el parque, piden que las cuente de nuevo desde su púlpito callejero.
Subido en una caja de madera, disfrazado de morsa, John Winston canta con su guitarra y solo se detiene para narrar alguna historia, cuando el corrillo de gente es numeroso.
– ¿Conocéis la leyenda de la gran tormenta del 68? Pues duró exactamente diez días y siete horas; y cuando cesó, todo este parque se había convertido en un inmenso campo de fresas, para regocijo de los habitantes de la ciudad que de esta forma olvidaron los largos días de lluvia…
– ¿Sabéis que ocurrió durante la ceremonia de boda del Príncipe Rodrigo con la Condesa de Rocamora? Pues que el Príncipe se volvió loco (se dice que por unas castañas que comió por la noche) y tuvieron que internarle en el psiquiátrico de la colina, donde aún vive. En su lugar colocaron a un doble, que es el actual rey…
– ¿Quién no ha cruzado alguna vez un paso de cebra pisando solamente las rayas blancas? Pues eso hicimos veinte veces seguidas mis amigos y yo una tarde de sábado, aprovechando que todos estaban en el futbol o durmiendo en el sofá frente a la televisión. Después nos fuimos a tomar cerveza negra al bar de Harry…
Por la noche, cuando el parque queda solitario y solo los árboles de mandarina siguen atentamente su discurso, John Winston se quita el disfraz, lía un porro bien armado y regresa bajo un cielo de mermelada a su casa, con la caja de madera sobre la cabeza.
Lucy acuesta al pequeño Julián y lleva la cena al comedor. Muy juntos, incrustados en la mesa camilla cuentan las monedas que John saca de los bolsillos. Y mientras comen, miran a través de una cebolla de cristal, e inventan nuevas historias.
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