martes, 4 de enero de 2011


QUERIDO 2010
F.J.Fayerman
Cuatro de enero de 2011

Mucho tengo que agradecer al 2010, ahora que, como cada año, toca hacer resumen de lo ocurrido en los últimos doce meses. Mucho que agradecer a la vida que sigue, a la familia que me quiere y a los amigos que me soportan.
Desde febrero pertenezco al Colectivo Literario TAF, donde he encontrado más que a compañeros y amigos, a una nueva familia, que comparte conmigo gustos, aficiones y lo que es más importante para mí: amor por la palabra escrita, sin la que ya no podría vivir.
Espero durante toda la semana la llegada del miércoles, para encontrarme con ellos en la Tertulia de la calle Cartagena, donde hablamos, discutimos, reímos, y terminamos leyendo nuestros relatos recién salidos del horno que comentamos y sobre todo DISFRUTAMOS.
Gracias Celia, Pilar, Graziela, Lui, Begoña, Cruz, Carmen, Alejandro, Theo e Iñaki.
Los jueves la ilusión se instala en Pozuelo, donde disfruto de dos horas intensas aprendiendo a plasmar en el papel las ideas que surgen cada semana en mi imaginación. Y esto lo tengo que gradecer a mi maestro Juan Carlos Chirinos y a mis compañeros Esther, María, Marta, Walda, Paco, Roberto, Luis, Ricardo y a las recién incorporadas Yolanda, Cristina y Marta que espero permanezcan con nosotros mucho tiempo.
Este 2010 me ha concedido muchos amigos, que como dijo alguien son cada uno de ellos un tesoro.
O sea que gracias año 2010, porque me has hecho rico.
Un abrazo agradecido.

martes, 28 de diciembre de 2010


EL CABALLO QUE RÍE (Greguerías)
F.J.Fayerman
Diecinueve de diciembre de 2010
- Es realmente difícil montar al caballo que ríe. No aguanta la risa cuando lo espolean.

- Cuando Tomás el gordo monta al caballo que ríe, todos los demás cuadrúpedos ríen para sus adentros.

- El caballo que ríe es para sus congéneres, el que mejor les cae.

- En un concurso hípico, pese a terminar en último lugar, al caballo que ríe le dieron el premio a la simpatía.

- El caballo que ríe es el más fotografiado de todos los participantes .Hace que las cámaras se disparen automáticamente.

- El caballo que ríe corrió el año pasado el Grand National y a punto estuvo de no pasar el control antidoping. Tenía demasiado alto el nivel de endorfinas.

- Cuando el caballo que ríe se mira en un espejo, se ríe de sí mismo.

- Dicen en la cuadra que el gesto sonriente del caballo que ríe, es fruto de una operación de cirugía estética, pagada por su peripatético dueño. Él siempre se ríe cuando lo oye.

- Cuando el caballo que ríe ve su rostro reflejado en el agua, no entiende donde está el chiste.

- Al caballo que ríe no le importa el puesto que ocupa en la llegada después de cada carrera. Al final siempre ríe mejor.

- El caballo que ríe relincha con mucha más gracia.

- Al caballo que ríe, se le supone más sentido del humor que a los otros.

- El caballo que ríe no puede ocultar su edad.

- Cuando el caballo que ríe, ríe, los demás caballos están serios. La risa de caballo no es contagiosa.

viernes, 10 de diciembre de 2010

domingo, 28 de noviembre de 2010


“LA CACHACHI”


F.J.Fayerman
Veintiocho de noviembre de 2010


Cuando caminaba por el colegio, la Cachachi hacía crujir la tarima como si marcara el ritmo de una canción. Escuchábamos el sonido inconfundible de sus pasos, e imaginábamos el vaivén que la cojera provocaba en su andar.
Su entrada en clase era apoteósica: Todos los alumnos de cuarto de bachillerato, nos poníamos en pié y le dedicábamos, mientras pasaba entre dos hileras de pupitres, una larga lista de requiebros que, lejos de enfadarle provocaban una sonrisa en sus labios.
Nos encantaba la asignatura de Literatura que impartía La Cachachi, apelativo cariñoso que alguien había inventado y que expresaba que La señorita Cacharrón, -su verdadero apellido- estaba “chachi”. Su rostro afable y su hablar decidido, nos hacían disfrutar de la hora diaria de clase, que la mayoría de las veces era tan solo de cuarenta minutos, ya que siempre aparecía "el Salvadores" nuestro profesor de Ciencias Naturales, para echar con ella una larga parrafada, que a nosotros se nos antojaba como una conversación de enamorados.
Ayer me llamó mi compañero de colegio y amigo Juan Carlos, para comunicarme la muerte de La Cachachi, que debía rondar ya los ochenta años. En lugar de asistir a su funeral, prefiero ofrecerle este sencillo relato, posiblemente conseguido en parte gracias a lo aprendido en sus clases.
Estoy convencido de que, desde el rincón del paraíso reservado a los amantes de la Literatura, donde seguramente estará en animada charla con Lope, Rubén, Rosalía y Miguel, me lo va a agradecer mucho más.

miércoles, 29 de septiembre de 2010



ALLA DONDE TU ESTÉS

Cómo llega la primavera, llegó a casa,
Cálida, pulcra, señora y consentida,
Vino la reina a reinar, blanca de armiño,
Y reinó dieciséis años. Los que Dios quiso.

Todas las noches miraba a las estrellas,
Y a la luna le cantaba ensimismada,
Tonadillas de gata, sus quereres
Luna de blanco lino, Luna gata.

Entre besos y versos te criaste,
Luna nevada, que todo iluminabas,
Entre mimos y caricias te dormías,
Y con las mismas caricias despertabas.

Y te marchaste en silencio en un otoño, tardío de hojas secas
Cansada del estío.
Perezosa y perdida dentro del laberinto
De tus ojos dorados, soñando el paraíso.

Gata de nieve, Gata plateada,
El firmamento ha ganado otro lucero,
Pero yo te he perdido para siempre.
Allá donde tu estés, está mi alma.
Federico Fayerman – 28 de septiembre de 2010

A NUESTRA LUNA QUERIDA

Eran las doce de la noche y de día En el cielo brillaban dos Lunas esplendidas que ocultaban las tinieblas habituales.
En los noticiarios de radio y televisión informaban de este fenómeno sin poder encontrar explicación coherente.
Una de las Lunas, la más pequeña, se fue alejando poco a poco hasta perderse en el infinito, pero su Luz seguía llegando hasta los corazones de toda una familia, y allí se quedó a vivir para siempre.
En el Paraíso de los gatos, Ron terminó de lavarse y jubiloso salió raudo hacia la peluquería. Su largo pelo gris y su rabito tenían que quedar perfectos para esta noche. Esta noche especial en que volvería a encontrarse con su amada Luna, para empezar una nueva y eterna vida juntos
28 de septiembre de 2010 - Esperanza, Patricia, Susana y Federico Fayerman.

viernes, 17 de septiembre de 2010


BEATLE-MANÍA

F.J.Fayerman
Catorce de septiembre de 2010


Hoy he visto por enésima vez una grabación de Los Beatles. En esta ocasión era un video con las cinco actuaciones que “Los Cuatro Fabulosos” llevaron a cabo en los años 1964 y 1965 en el show de Ed Sullivan, en su primera y posteriores visitas a E.E.U.U.
Mientras disfrutaba de su música y de sus voces -que para mí son un instrumento más acoplado a su característico y maravilloso sonido-, he prestado especial atención al público que presenciaba las actuaciones en directo.
Las ya muy conocidas imágenes de jovencitas chillando y tirándose de los pelos, llorando y hasta desmayándose al ver a sus ídolos en vivo, me han llegado diferentes. Ahora no he visto histeria en sus reacciones, ni locura colectiva como nos han querido hacer ver reiteradamente. Ahora por fin lo he comprendido.
En cada rostro de quinceañera he advertido pasión; en cada gesto, he visto aflorar la impotencia; en cada grito, he descubierto ansiedad; en cada salto, un estremecimiento y en cada lloro, he contemplado una súplica.
Con quince o dieciséis años la pasión llena tu vida y no deja sitio aún a la sensatez. Sientes impotencia al no poder formar parte del mundo de tus ídolos. La ansiedad descontrola tus acciones. Tu cuerpo se estremece sin poderlo evitar y tus lágrimas son un ruego que también refleja pánico, porque sabes que aquello terminará y no se volverá a repetir jamás.
Ya no he visto paranoia en esos videos y me pregunto que habría hecho yo si el cinco de julio de 1965, hubiese podido ir con mis amigos al concierto de las Ventas.

miércoles, 23 de junio de 2010


EL GATO TORCUATO
Federico Fayerman
Catorce de abril de 2010


El gato Torcuato salía de noche
Cogía sus cosas,
Saltaba la valla con mucho cuidado.
Y al no tener coche
Se marchaba andando.
Y en la madrugada
Con la luna llena,
Hablaba de amor
A su gata Elena.

El gato Torcuato caminó durante más de dos horas cruzando la ciudad, desde la zona norte donde vivían los ricos, hasta la zona sur, donde vivían los más pobres. Estaba citado con su novia, la gatita Elena y ambos pensaban colarse en el cine de su barrio. Querían ver Los Aristogatos, una película de la que les habían hablado muy bien sus amigos Sansón y Platón.
Ya eran las siete de la tarde y de noche, cuando Torcuato, que atravesaba un basurero, se encontró de frente con la pandilla del gato Cipriano.
El gato Cipriano estaba enamorado también de la gatita Elena. Pretendía que Torcuato no apareciera nunca más por el barrio sur y quedarse él solo con el amor de la gatita. Torcuato comprendió que le habían tendido una trampa y al tratar de escapar, cayó en un agujero muy profundo.
Después de cerciorarse de que Torcuato no podía salir del hoyo, Cipriano se marchó contento con toda su pandilla, pensando que se había librado por fin de su competidor.
Torcuato quedó magullado en el fondo del pozo y allí estuvo durante toda la tarde, hasta que de repente, se abrió un boquete a su lado por el que aparecieron dos cabezas con ojos saltones y orejas puntiagudas, Era Rita, la rata y su amigo Melitón el ratón. Entre los dos levantaron a Torcuato y le condujeron por el túnel hasta su ratonera, que estaba escondida entre los escombros.
Allí, la rata Rita curó las heridas de Torcuato y cuando al cabo de una semana éste se repuso, le acompañó hasta el límite del barrio donde se despidió de él con tristeza.
Torcuato pensó en no volver más por la zona sur, ya que la gatita Elena se hizo novia del gato Cipriano y ya nada se le había perdido por allí.
Unos días después, mientras paseaba meditabundo por las calles de su barrio, se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en Rita y en lo desagradecido que había sido con ella. Así que ni corto ni perezoso atravesó de nuevo la ciudad, buscó las ratoneras de Rita y Melitón y les propuso que se fueran a vivir con él a su casa. Tenía un desván muy cómodo y unas vistas maravillosas a los tejados de las casas cercanas. Además en la cocina nunca faltaba el queso ni las galletas.

El gato Torcuato y Rita,
Sentados en el tejado
Miraban la luna plata.
Y Torcuato enamorado,
Le acariciaba el cogote
Con su pata.

Para mis cuatro nietos. En especial para Alejandra, la pequeñita.